| Un nuevo tema ocupa las sobremesas después de los almuerzos de la jornada laboral en Cuba. Sería oportuno para la ocasión, si no amenazara la paz de la digestión. El debate ha desplazado la atención de otros asuntos notorios, incluso del inicio de la Serie Nacional de Pelota -lo comprobé, casualmente, en la esquina caliente del habanero Parque Central-. Unos aplauden; otros dudan; no pocos se resisten al cambio. Algunos tragan en seco y regurgitan: nos quedamos sin almuerzo. El 1ro de octubre entró en vigor la decisión gubernamental de eliminar, de manera experimental, el servicio del comedor en cuatro ministerios: Trabajo y Seguridad Social, Comercio Interior, Economía y Planificación, y Finanzas y Precios. Es un primer paso para validar la medida y extenderla luego, gradualmente, al resto del país. En sustitución de la vieja opción, cada trabajador recibe un estipendio de 15 pesos por día laborado. Con la acción desaparecerán, ciertamente, estos comedores, llamados obreros por alguna imprecisa tradición; pero no se suprime el almuerzo de la jornada laboral ni cesa el gasto del Estado. Solo varía el método o sistema seguido hasta hoy para hacerlo. Y cambia para bien, digo. De acuerdo con la información ofrecida por el Ministerio de Economía, el Gobierno desembolsa cada año alrededor de 350 millones de dólares para importar cuatro de los alimentos destinados a la alimentación del trabajador: arroz, granos, productos cárnicos y aceite. Habría que añadir otros gastos de la cocina, por concepto también de alimentos, combustibles y salarios. Un trabajador paga 50 centavos de peso cubano por una dieta que cuesta como promedio alrededor de 40 centavos de dólar cada día, según mis cálculos. Pero este oneroso subsidio estatal suele seguir un camino tortuoso, que en pocos comedores desemboca en ofertas de calidad. La mala fama de la mesa servida en estos lugares es antecedida por un desastroso manejo de los alimentos y de la economía. Condimentos habituales son el descontrol, el despilfarro, el desvío de alimentos hacia el mercado negro y la acumulación desproporcionada en almacenes. Un levantamiento en la mayoría de los 27 mil 400 comedores existentes en el país detectó, en junio del año pasado, un exceso de inventarios ascendente a 20 mil toneladas de arroz, siete mil de frijoles y cinco mil de aceite, informó hace unos días el ministro de Economía, Marino Murillo. Millones de dólares pierde el país cada año en los entresijos del desorden económico interno. Evidentemente, hacía falta algo más que llamamientos a la conciencia. La fórmula de los 15 pesos de estipendio diario para almuerzo, puesta a prueba este mes en los cuatro organismos citados, también representa un gasto fuerte para el Estado. Casi equivale a otro salario medio. Cuando se extienda a los 3,5 millones de trabajadores cubanos, podría llegar a un monto total de unos 13 mil millones de pesos por año. ¿Qué cambia, entonces? La manera de acceder al almuerzo durante la jornada laboral. El trabajador no estará amarrado a una oferta cerrada, como ocurre hoy en los comedores, y no tendrá que tragársela, ni literal ni metafóricamente, si no es de su agrado. Como comensal podrá elegir dónde come, qué come y cuánto paga. Bajo las nuevas reglas del juego, la actividad ganaría una racionalidad económica de la que ha carecido. Pero para llevar el cambio a buen puerto, las cafeterías o restaurantes que sustituyan a los comedores tendrán que hilar más fino si quieren cuidar su clientela y absorber la masa de dinero que irá entrando en circulación. En mi opinión, será necesario también una renovación y transformación más radical de los sistemas de propiedad y administración en vigor en la gastronomía. El arrendamiento de locales a privados y la creación de cooperativas, entre otras fórmulas, pudieran abonar un compromiso real, poco visible hoy, con el comensal y con los bienes administrados. Con el ajuste en los comedores, el Gobierno ha emprendido uno de los movimientos más firmes hasta el presente, en un propósito ya urgente: reducir subsidios y gratuidades estatales, que alcanzan un monto tan alto como dudoso es a veces su beneficio económico o social. |