Desde el pasado, los versos de VladÃmir Maiakosky, el poeta soviético, pudieron ser escritos para este nuevo Primero de Mayo de los cubanos.
TodavÃa en la madrugada, apenas distinguibles por las luces de los portales o los faroles de las calles, pasaban camisetas rojas, blancas, azules; banderas sobre el cuerpo y sobre las cabezas. Una multitud se iba acomodando en las cercanÃas de la Plaza, cada vez más compacta. Infantes y abuelos, las nalgas de la mulata rozando el cochecito del bebé, el niño disputando su bandera al colega del padre… Ambiente de marcha y de jolgorio. Como ha sido siempre, como será. Al fin, al filo de las ocho de la mañana, la multitud salió al ruedo. Canciones, consignas, pasos cortos porque la marcha empezó y terminó, dos horas después, compacta, casi monolÃtica. Múltiples motivaciones llenaron la Plaza: la Patria, el compromiso, la tradición familiar de caminar unidos, la ira contra quien agrede, las canciones, el futuro… Múltiples motivaciones que, lamentablemente, no entienden quienes de hoy, al decir de MartÃ, tampoco verán la luz. 

|